Un estudio publicado en Nature Metabolism encontró que la vista o el olor de la comida hacen que el cerebro envíe señales al páncreas y se libere insulina antes de comer. Los investigadores observaron este efecto en ratones.
El hipotálamo y un tipo de neuronas llamadas POMC participan en la señal de saciedad. El estudio muestra que el glucógeno dentro de esas neuronas alimenta su actividad anticipatoria y que la enzima glucógeno sintasa se activa cuando los animales ven o huelen comida.
Al eliminar esa enzima en las neuronas, los ratones cambiaron su comportamiento ante la comida y no produjeron insulina antes de comer.
Palabras difíciles
- insulina — hormona que baja la glucosa en la sangre
- hipotálamo — zona del cerebro que controla funciones y hambre
- neurona — célula del sistema nervioso que transmite señalesneuronas
- saciedad — sensación de estar lleno después de comer
- glucógeno — forma de azúcar almacenada en las células
- enzima — proteína que acelera reacciones químicas en el cuerpo
Consejo: pasa el cursor, enfoca o toca las palabras resaltadas en el artículo para ver definiciones rápidas mientras lees o audicións.
Preguntas de discusión
- ¿Has sentido hambre al ver o oler comida? ¿Qué haces en ese momento?
- ¿Por qué crees que el cuerpo produce insulina antes de comer?
- ¿Qué cambios de comportamiento puedes tener cuando ves comida?
Artículos relacionados
Un interruptor cerebral que cambia decisiones en hábitos
Investigadores de Johns Hopkins estudian si una región del cerebro convierte acciones deliberadas en hábitos. Un experimento con ratones sugiere que ese cambio puede ser repentino y que una región cerebral podría actuar como controlador.
Cómo trabajan el cerebro y los ojos al leer
Investigadores de la University of South Florida usaron EEG y seguimiento ocular para estudiar por qué los lectores a veces se saltan palabras. El cerebro puede procesar palabras omitidas desde la visión periférica antes de decidir saltarlas.
Vía cerebral que conecta estrés y hábitos de bebida
Un estudio encontró una vía directa del estrés al sistema que controla hábitos. El alcohol reduce la capacidad de esa vía para activar células que permiten cambiar conductas, lo que explica por qué el estrés puede provocar recaídas.