Un estudio publicado en Scientific Reports cuestiona la idea de que la reventa de ropa reduzca automáticamente los residuos de la industria de la moda. Las autoras Meital Peleg Mizrachi (Yale) y Ori Sharon (Bar Ilan University) usaron una encuesta representativa de 1,009 individuos de todos los estados de EE. UU. y compararon el comportamiento en los mercados primario y de reventa. Encontraron una correlación positiva entre el gasto en segunda mano y el gasto en ropa nueva, con un efecto más marcado entre consumidores jóvenes y compradores frecuentes.
Según los datos, más del 69% había comprado ropa de segunda mano al menos una vez y un 59% mostró niveles altos de consumo en ambos mercados. Ese grupo tendía a devolver prendas con frecuencia, conservarlas por poco tiempo y aumentar sus compras de segunda mano desde 2020. Entre los más jóvenes, el 79% compró usada, frente al 57% de quienes tienen 65 años o más; los estudiantes alcanzaron el 84%. Las autoras advierten que estos patrones pueden crear un ciclo autorreforzante de sobreconsumo.
El estudio sitúa los resultados en un contexto ambiental: se estiman entre el 2% y el 8% de emisiones atribuibles a la moda, la producción mundial de prendas se ha casi duplicado en veinte años y el consumo creció un 400%. En 2023 la industria produjo entre 2.5 y 5 billion de prendas sobrantes, según estimaciones. Para explicar sus resultados las autoras recurren a dos teorías del comportamiento: el efecto rebote, en el que las ganancias de eficiencia aumentan la demanda, y la licencia moral, donde un acto virtuoso justifica indulgencias posteriores.
Como paso siguiente, los investigadores proponen políticas para alinear la reventa con objetivos de sostenibilidad, por ejemplo exigir que las plataformas informen métricas como las tasas de eliminación de inventario no vendido y las emisiones relacionadas con los envíos. Señalan además que no existen políticas en Estados Unidos ni en Europa que regulen la reventa de ropa de segunda mano. Fuente: Yale.